Era la hora del té, antes de que entraran las lámparas. El chalet dominaba el mar; el sol, desaparecido, había dejado el cielo todo rosado a su paso, frotado de polvo de oro; y el Mediterráneo, sin una arruga, sin un temblor, liso, brillante aún bajo la luz agonizante, parecía una placa de metal bruñido y desmesurado.
A lo lejos, a la derecha, las montañas dentadas dibujaban su perfil negro sobre la púrpura descolorida del ocaso.
Se hablaba del amor, se discutía este viejo tema, se repetían cosas que se habían dicho ya con mucha frecuencia. La dulce melancolía del crepúsculo alargaba las palabras, hacía flotar un enternecimiento sobre las almas, y la palabra «amor», que reaparecía sin cesar, ora pronunciada por una fuerte voz masculina, ora dicha por una voz femenina de ligero timbre, parecía llenar la sala, revolotear por ella como un pájaro, planear sobre ella como un espíritu.
¿Se puede amar varios años seguidos?
«Sí, pretendían unos.
—No», afirmaban otros.
Se distinguían los casos, se establecían demarcaciones, se citaban ejemplos; y todos, hombres y mujeres, llenos de recuerdos que brotaban turbadores, que no podían citar y que ascendían a sus labios, parecían emocionados, hablaban de esa cosa trivial y soberana, el acuerdo tierno y misterioso de dos seres, con profunda emoción y ardiente interés.
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8/17/2010
5/01/2010
Suicidas (Guy de Maupassant)
No pasa un día sin que aparezca en los periódicos la relación de algún suceso como éste:
"Anoche, los vecinos de la casa número tal de la calle tal oyeron dos o tres detonaciones y, saliendo a la escalera para saber lo que ocurría, entre todos pudieron comprobar que se habían producido en el cuarto del señor X. Al abrir la puerta de dicho cuarto --después de llamar inútilmente-- vieron al inquilino tendido en el suelo, sobre un charco de sangre y empuñando aún el revólver con el cual se había ocasionado la muerte.
"Se ignora la causa de tan funesta determinación, porque el señor X. vivía en posición desahogada y, teniendo ya cincuenta y siete años, disfrutaba de bastante salud."
¿Qué angustiosos tormentos, qué ocultas desdichas, qué horribles desencantos convierten a esas personas, al parecer felices, en suicidas?
"Anoche, los vecinos de la casa número tal de la calle tal oyeron dos o tres detonaciones y, saliendo a la escalera para saber lo que ocurría, entre todos pudieron comprobar que se habían producido en el cuarto del señor X. Al abrir la puerta de dicho cuarto --después de llamar inútilmente-- vieron al inquilino tendido en el suelo, sobre un charco de sangre y empuñando aún el revólver con el cual se había ocasionado la muerte.
"Se ignora la causa de tan funesta determinación, porque el señor X. vivía en posición desahogada y, teniendo ya cincuenta y siete años, disfrutaba de bastante salud."
¿Qué angustiosos tormentos, qué ocultas desdichas, qué horribles desencantos convierten a esas personas, al parecer felices, en suicidas?
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